Educación vasca: sin diagnóstico real, con peores resultados y segregación que no cede
La ley educativa parte de un pacto que sitúa como eje la lengua menos utilizada en Euskadi y no ha venido acompañada de medidas eficaces contra la segregación. Con menos nacimientos y más alumnado con necesidades específicas, el sistema exige decisiones valientes. Los datos, además, reflejan pérdida en comprensión lectora y estancamiento en ciencias.
La realidad demográfica presiona: la caída de la natalidad no se compensa con la llegada de alumnado extranjero y aumentan los estudiantes con necesidades educativas específicas y especiales. En este contexto, la respuesta institucional vuelve a ser una “mesa de trabajo” que, sin un diagnóstico serio, corre el riesgo de aplazar lo urgente.
Los datos oficiales confirman que la segregación persiste: para equilibrar los centros habría que reubicar al 42% del alumnado vulnerable. Tres años después, la reserva de plazas solo tiene efecto real en el 43% de los colegios y en un 5% provoca el resultado contrario. Además, la matrícula viva se concentra: el 12% de las zonas absorbe el 60% de los nuevos alumnos.

En paralelo, los informes muestran caída en comprensión lectora y estancamiento en ciencias. Abrir otra “mesa” sin diagnóstico serio, objetivos por centro y evaluación externa corre el riesgo de aplazar lo urgente. La lengua, como vehículo de aprendizaje, debe abordarse con metodologías flexibles para garantizar dominio real de euskera y castellano y mejorar el inglés.
Por eso no se comparte que el sistema “goce de buena salud”: si el diagnóstico de partida es erróneo, las soluciones no serán las adecuadas. Falta afrontar el factor lingüístico con realismo: la lengua es vehículo de aprendizaje y clave para el desarrollo cognitivo; ignorarlo hipoteca el futuro educativo de Euskadi.
