Editorial: ORTUZAR Y LA PUERTA GIRATORIA. LA OBSCENIDAD DE LO NORMALIZADO

Lo ocurrido

El fichaje de Andoni Ortuzar, expresidente del PNV, como asesor externo de PriceWaterhouseCoopers (PwC), ha abierto un nuevo capítulo en la larga historia de las puertas giratorias en Euskadi. Apenas cinco meses después de dejar el liderazgo del partido, Ortuzar se incorpora a una de las grandes consultoras internacionales que, durante años, ha sido beneficiaria de contratos públicos millonarios. Su papel será asesorar en comunicación, pero el verdadero mensaje es otro: la política y los grandes negocios privados no solo se rozan, sino que comparten intereses y despachos.

Los contratos adjudicados

En los últimos años, PwC ha acumulado adjudicaciones clave en Euskadi: Osakidetza le confió, junto a Deloitte, la gestión de parte de los fondos europeos de digitalización (unos 2 millones de €); el Puerto de Bilbao le encargó dos planes estratégicos por cerca de 300.000 euros, tras la incorporación de su expresidente, Asier Atutxa, a la consultora; el Gobierno Vasco recurrió a sus servicios en proyectos estratégicos como la securización de la red eléctrica; y la Torre Bizkaia quedó bajo su gestión como centro de emprendimiento en 2020. Todo ello pese a que PwC fue sancionada por la CNMC en 2021 por su participación en el llamado “cártel norte” de consultoras que manipulaba licitaciones públicas. Y estos no son casos aislados: la firma ha seguido recibiendo numerosos contratos en Euskadi, consolidando su posición como actor privilegiado en la gestión de dinero público.

El intercambio de favores

El mecanismo es tan simple como perverso: quien gobierna reparte contratos, y quien los recibe garantiza luego un sillón y un salario a quienes gobernaron. Una política convertida en inversión personal, en la que el dinero público sirve de moneda para tejer redes de favores y recompensas. No hablamos de excepciones puntuales, sino de una dinámica estructural que erosiona la confianza ciudadana y degrada la política.

La obscenidad de lo normalizado y la impunidad de lo habitual

Lo verdaderamente grave no es solo el fichaje de Ortuzar, sino su normalización. Se asume como natural que dirigentes de primer nivel pasen de gestionar el interés público a engrosar las nóminas de empresas privadas que se beneficiaron de su gestión.

La impunidad es el lubricante de esta maquinaria: consultoras sancionadas siguen recibiendo contratos; partidos que deberían ser garantes del interés general se convierten en cómplices de un sistema de favores; y la ciudadanía observa cómo lo público se convierte en negocio. Cada fichaje como el de Ortuzar no solo erosiona la credibilidad de las instituciones, sino que consolida la idea de que el poder en Euskadi está capturado por intereses privados.

Y ese es el verdadero peligro: que lo obsceno se convierta en lo normal.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *