Reproches, fracasos y llamadas a la “lealtad”
San Sebastián, campo de batalla: el pacto PNV–PSOE se resquebraja
La alianza entre el PNV y el PSOE en el Ayuntamiento de San Sebastián vive su momento más tenso desde que comenzó la legislatura. Lo que se presentó como un “gobierno estable y de progreso” ha terminado convertido en un enfrentamiento público entre los dos socios, que ya no esconden su desconfianza mutua.
El primer golpe lo dio el PSE, que cargó con dureza contra la gestión del ex alcalde Eneko Goia (PNV), asegurando que “la realidad retrata el fracaso” de su gobierno y que Donostia “ha perdido impulso y rumbo”. Los socialistas denunciaron una ciudad paralizada, sin avances en vivienda ni en gestión urbana, y acusaron al PNV de gobernar “de espaldas a la ciudadanía”.
Lejos de encajar la crítica con autocrítica, el PNV respondió exigiendo al PSE “lealtad institucional” y acusándole de romper la confianza del pacto. El mensaje, cargado de tono paternalista, sonó más a advertencia que a intento de reconciliación. En los pasillos municipales muchos interpretan esta bronca como la prueba de que el matrimonio político está al borde del colapso.
El detonante de la crisis es la política de vivienda, el gran talón de Aquiles de Goia. Mientras la Diputación de Gipuzkoa —también controlada por el PNV— limita los beneficios fiscales por reinvertir en vivienda, el Ayuntamiento no logra activar un plan real de vivienda pública. El resultado: precios disparados, alquileres imposibles y jóvenes expulsados del centro.
El PSOE intenta ahora marcar perfil propio, pero su papel dentro del gobierno donostiarra es tan irrelevante que su rebelión suena tardía. Durante meses, los socialistas avalaron sin rechistar la parálisis del PNV, y solo cuando los números empezaron a hundirse en las encuestas decidieron levantar la voz.
El PNV, por su parte, mantiene el discurso de “gestión responsable” mientras la ciudad se estanca: sin presupuestos aprobados a tiempo, sin estrategia de vivienda y con una sensación generalizada de agotamiento político. El relevo anunciado de Eneko Goia no ha calmado las aguas; al contrario, ha abierto una lucha interna por el control del consistorio.
En la oposición, el resto de partidos observa el espectáculo con incredulidad: un gobierno dividido, más preocupado por sus heridas internas que por los problemas reales de la ciudad.
A la vista de los acontecimientos, el pacto PNV–PSOE en San Sebastián ya no parece una alianza, sino una tregua precaria sostenida por la aritmética. Y mientras ambos partidos se enzarzan en reproches, Donostia sigue sin rumbo, pagando el precio del desgobierno de quienes prometieron estabilidad y solo han dejado desgaste.
