Cantabria se activa a captar empresas, Euskadi duerme

La economía vasca es un coche viejo que no puede competir en el siglo XXI y a la que ya no le vale vivir de la plata de la abuela. El País Vasco pierde peso industrial, ve cómo huye su talento propio, no recala el ajeno y observa cómo las grandes inversiones pasan de largo y optan por instalarse en Aragón, Málaga o Valladolid. Líderes en conflictividad y en absentismo laboral, quienes arriesgan su capital ya hace tiempo que descartan hacerlo en Euskadi.

Y los territorios vecinos saben de las debilidades vascas, y se lanzan a competir abiertamente por presentarse como una oferta mejor y más atractiva. Lo acaba de hacer Cantabria. Consciente de la importante rémora para empresas y particulares que supone el carísimo precio que el suelo industrial alcanza en Euskadi, abarata el suyo para atraer industria. Para atraer industria que pueda dudar entre instalarse en el País Vasco o hacerlo en Cantabria. E introduce un elemento diferenciador: precio del suelo más barato.

Euskadi puede acusar a Cantabria de dumping “terrenal”, pero de nada servirá el lamento si las instituciones vascas siguen creyéndose el discurso oficial de que el País Vasco es líder en todos los ámbitos. Cantabria al menos no se lo cree y, con sus actos, contradice al Lehendakari Pradales cuando afirma que la industria vasca debe ser un referente para «liderar la reindustrialización y la autonomía estratégica de Europa».

Euskadi, presa fácil. El dumping terrenal cántabro.

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