BMW para la flota oficial y Mercedes, fuera otra vez

Se puede hacer un concurso internacional para que la hija de Arzalluz sea directora del Guggenheim pero es imposible que Mercedes preste el servicio de automóviles en el País Vasco.

El Gobierno vasco renovará su flota oficial con 22 vehículos BMW de alta gama destinados al lehendakari, la presidenta del Parlamento y los consejeros del Ejecutivo autonómico. La adjudicación, valorada en 1,9 millones de euros, incluye 19 BMW Serie 5 y 3 BMW Serie 7 en régimen de renting durante 48 meses y ha recaído en la firma asturiana Automóviles Oviedo.

Según informó El Correo, el contrato se resolvió a favor de esta empresa por presentar la oferta más económica frente a otras propuestas con modelos Audi y Mercedes. Los vehículos, además, serán equipados con sistemas propios de coches policiales camuflados, como sirena, megafonía y foco magnético, al depender el concurso del Departamento de Seguridad, responsable de la protección y transporte de las principales autoridades vascas.

La decisión ha reabierto el debate sobre el respaldo institucional a la industria propia. La adjudicación deja fuera a Mercedes, la mayor fábrica de Euskadi por número de trabajadores y una de las principales referencias industriales de Álava, pese a su peso en el empleo, la inversión y la actividad exportadora del territorio.

El contraste resulta especialmente llamativo al compararlo con lo sucedido en otras comunidades autónomas. En Galicia, tal y como publicó El Español, la renovación del coche oficial se vinculó a un modelo del grupo Stellantis, con fuerte relación con la planta de Vigo y con el peso estratégico de la automoción en la economía gallega. El entonces presidente gallego estrenó un DS 9 híbrido enchufable con etiqueta Cero, dentro de un plan más amplio de renovación del parque móvil de la Xunta dotado con 6 millones de euros para incorporar 191 vehículos con distintivo Cero o Eco.

También en Castilla y León la renovación de la flota institucional se ha alineado con una marca estrechamente vinculada a la comunidad. Según informó El Norte de Castilla, la Junta adjudicó por 572.000 euros el renting de doce Renault Espace híbridos para presidente, vicepresidente y consejeros. El contrato, con una duración de cuatro años, contempla un uso intensivo de hasta 50.000 kilómetros anuales por vehículo e incluye mantenimiento, neumáticos, seguro y reparaciones.

En ambos casos, más allá de las diferencias de modelo, precio o fórmula contractual, las decisiones proyectan una determinada sensibilidad hacia la industria automovilística de cada territorio. En Euskadi, sin embargo, la renovación de la flota oficial vuelve a resolverse sin contar con la principal factoría de la Comunidad Autónoma, lo que alimenta la sensación de distancia entre el discurso institucional de apoyo a la industria y las decisiones concretas de la administración.

Ese contraste se ve reforzado además por otros movimientos recientes del propio entorno institucional vasco. Las instituciones avalaron un proceso internacional para elegir la nueva dirección del Guggenheim Bilbao, en el que participaron 79 candidaturas y que concluyó con la designación de Miren Arzalluz, hija del ex-presidente del PNV, Xabier Arzalluz. La propia fundación defendió que la elección se produjo tras un procedimiento internacional y por unanimidad del patronato. Sin embargo, cuando la decisión afecta a un contrato de alto valor simbólico para la imagen institucional del Gobierno vasco, la mayor fábrica de Euskadi vuelve a quedar fuera.

No se trata de cuestionar la legalidad del concurso ni de discutir que el precio haya sido el criterio determinante en la adjudicación. La cuestión es otra: qué mensaje se traslada cuando la flota que transportará a las principales autoridades vascas se adjudica fuera de Euskadi y deja al margen a una compañía estratégica para el empleo y la industria autonómica. Más aún cuando otras comunidades sí han aprovechado este tipo de operaciones para reforzar su vínculo con marcas arraigadas en su territorio.

La comparación deja así una conclusión incómoda para el Ejecutivo vasco. Mientras en otros lugares la renovación de los vehículos oficiales se ha interpretado también como un gesto de acompañamiento a su industria, en Euskadi la decisión vuelve a proyectar una imagen de escasa sensibilidad hacia Mercedes y hacia el conjunto del sector vasco del automóvil.

Texto elaborado a partir de las informaciones de José Luis Cano en El Español, Antonio G. Encinas en El Norte de Castilla y David S. Olabarri en El Correo.

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