Pradales olvida su apuesta por la transparencia y calla ante la opacidad que rodea la negociación del nuevo estatus

Comienza 2026 y en el horizonte político de este año se vislumbra la posibilidad de que se forjen las mimbres para un nuevo estatuto o para la reforma del actual, el de Gernika que data de 1979. Es un debate que se lleva arrastrando varias legislaturas, que se mueve en el imaginario de los partidos políticos y del que no se conoce más que la idea vaga de la supuesta necesidad de dotar al País Vasco de un nuevo estatus, según los partidos que lo están negociando, PNV, PSE y Bildu.

Según informaciones publicadas en distintos medios de comunicación, parece que junio es un momento importante para que dichos partidos resuelvan si hay agua en la piscina a la que desean zambullir al conjunto de la sociedad vasca.

¿Qué se está negociando? ¿Cómo van las negociaciones? ¿Por qué no se invita al resto de formaciones políticas con representación institucional? Son algunas de las cuestiones que a día de hoy carecen de respuesta.

El gobierno de Imanol Pradales, que se autoetiqueta como líder en transparencia, no ha hecho un llamamiento para que la negociación sea pública y tomen parte en ella todas las formaciones con representación parlamentaria. Incluso podría promover que dicho debate se realice en el Parlamento Vasco. Corresponde a los partidos, aduce. También las resoluciones judiciales son responsabilidad de los jueces y no duda en ponerlas en tela de juicio cuando en ellas no siente reforzado el nacionalismo.

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