El abandono político del PNV al BBVA
El 30 de abril de 2024, el BBVA comunicó a la CNMV el propósito de celebrar una fusión con el Banco de Sabadell. La negativa del banco catalán hizo que el banco vasco se decantara por una OPA hostil contra el Sabadell que arrancó en mayo de ese mismo año, hace casi año y medio.
Durante este tiempo, el Gobierno de Pedro Sánchez ha hecho todo lo que ha podido y alguna cosa más para impedir el éxito del BBVA, lo que le valió que la Unión Europea abriera un procedimiento de infracción contra España por las leyes empleadas por el Ejecutivo español para condicionar la OPA.
Para entonces, el Banco de Sabadell ya había buscado el apoyo del Gobierno de la Generalitat catalana al restituir su sede a Cataluña y abandonar la provisional comunidad Valenciana en la que se había refugiado desde el procés
independentista de Puigdemont. En definitiva, que tanto el Gobierno de Pedro Sánchez como la Generalitat presidida por Salvador Illa se han empleado para mantener la personalidad del Sabadell y, frente a ese apoyo político, el BBVA ha navegado en la más absoluta soledad, sin más respaldo que el de su junta de accionistas.
Desde mayo del año pasado, las únicas declaraciones públicas del poder político vasco fueron las emitidas por Aitor Esteban en mayo de este año, doce meses después del inicio de la operación y fueron para decir que el BBVA no es “realmente vasco”.
Las palabras del presidente del Euskadi Buru Batzar sonaron a deslealtad en el banco bilbaíno, ya que no solo no apoyaba la operación sino que aprovechaba para lanzar un reproche por su falta de arraigo en el territorio vasco. Eso, a pesar de haber mantenido su sede en tierra vasca aun en los peores años del plomo terrorista, lo que costó no solo muchos ataques a sus oficinas en distintos lugares de Euskadi, sino que también arrebató la vida al consejero del Banco de Vizcaya, Javier Ybarra, o del empleado Benicio Alonso, que trabajaba en la sede de esta misma entidad en la Gran Vía.
Aitor Esteban, con esa crítica al BBVA, se desentendía de las pretensiones de crecimiento de la entidad y marcaba distancia hacia sus proyectos, si bien no dejaba de percibirse como un exabrupto de quien no tenía posibilidades de ayudar y prefería marcar distancias en lugar de un apoyo que se hubiera evidenciado estéril por su falta de solidez y debilidad política.
No fue hasta que una vez fracasada la OPA, el lehendakari Imanol Pradales quiso lanzar la caña al BBVA y dijo que esperaba que una vez frustrada la incorporación del Sabadell, el banco vasco saliera con ánimo de “afianzar y reforzar” su relación con Euskadi.
De todo este proceso, la lectura inmediata es que ni el PNV ni el Gobierno Vasco han tenido ninguna capacidad política para amparar las pretensiones de crecimiento del BBVA, que con la incorporación del Sabadell hubiera incluido el retorno a Euskadi del Banco Guipuzcoano, que había sido absorbido por el Sabadell en el año
2011.
Las formas empleadas por los nacionalistas para eludir su implicación han sido tan impertinentes como insatisfactorias y dejan al BBVA como un banco sin protección política, lo que, a la postre, ha podido ser una de las razones del fracaso de la operación que había emprendido y que lo hubieran convertido en el segundo mayor banco de Europa por capitalización bursátil.
